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Deseas qué te Amen?

Edgar Allan Poe, no sólo reflexionó sobre lo sórdido y lo fantástico; y ciertamente nunca fue un escritor ajeno a las desdichas de la pasión. En lo personal, percibo en Poe una ternura tan natural como arrebatadora, ya que él jamás intentará conmovernos con artificios literarios; como sucede con muchos, y a veces no tan mediocres, escritores. La emoción que provocan sus obras más románticas fluye siempre como algo lógico, inevitable, negando aquel concepto que afirma que la emoción y la sorpresa surgen sólo de lo impredecible. Pero dejemos por un momento estas cuestiones que no justifican el título de esta entrada. Decíamos allí, que Edgar Allan Poe nos regalaría algunos consejos para encontrar el amor. No hablamos aquí del amor carnal, al que muchos de nuestros lectores están patológicamente habituados, sino de ese sentimiento sublime que trasciende todas nuestras miserias, haciendo que, al menos durante breves instantes, nos consideremos humanos. Ahora bien, para lograr que otro omínido se fije en nosotros, primero debemos asegurarnos de no ser unos perfectos canallas. Recordemos que las mujeres no se enamoran de los imbéciles, sino de aquellos que logran dosificar su estulticia con algunos pasajes de sensatez, confundiendo así el sutil y brumoso espíritu femenino. Es decir, la imbecilidad nunca es el factor que las atrae. Con nuestras distinguidas damas no entraremos en detalles: ustedes saben bien como adueñarse del corazón viril; y si no lo saben, seguramente lo intuyen. Superada nuestra introspección, el segundo y último paso es tan difícil como fundamental. Vivimos en una sociedad en que la individualidad está mal vista, esto vale tanto para nosotros como para nuestros ancestros babilónicos, donde lo diferente es considerado negativo porque cuestiona los valores de la mayoría. Lo complicado del asunto es lograr una plena conciencia de esa individualidad, ya que casi siempre nos vemos a nosotros mismos como los últimos héroes que batallan contra un sistema perverso y unificador. Considero que esto es un error. Todos somos parte de esa secta que llamamos humanidad, y como tal, compartimos miles de cualidades y defectos. Para asumir nuestra individualidad debemos hurgar un poco más allá; no basta con vestirse de negro o de citar pasajes completos de las Bucólicas de Virgilio para considerarnos únicos. Nuestra cualidad única subyace profundamente, jamás se ve influida por factores externos, y menos cuando éstos son puramente estéticos. Vemos entonces que para encontrar el amor, o algo parecido, es necesario primero descubrir aquellas cosas que nos hacen individuos, y luego, naturalmente, aceptarlas. Debemos aprender a cultivar nuestro ser en toda su extensión: que nuestra fugaz alegría sea tán valiosa como nuestra honda tristeza; que esa persona especial no sólo sea testigo de las sonrisas, sino que también contemple nuestras lágrimas; y si en tu vida no hay quien acompañe esos momentos, recuerda que siempre habrá algún fantasma rondando por tu biblioteca, esperando paciente a que lo convoques desde lo más profundo de tu pesar. En resumen, lo que Edgar Allan Poe nos propone es que no nos traicionemos, que aprendamos a conocernos, aún en aquellos aspectos que aborrecemos, y que no temamos mostrárselos a los demás. No todos sabrán apreciarlo, pero quien se lo merezca, seguramente sí. ¿Deseas qué te amen? Edgar Allan Poe. ¿Deseas que te amen? Nunca pierdas, entonces, el rumbo de tu corazón. Sólo aquello que eres has de ser, y aquello que simulas, jamás serás. Así, en el mundo, tu modo sutil, tu gracia, tu bellísimo ser, serán objeto de elogio sin fin y el Amor... un sencillo deber. Edgar Allan Poe.