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El Gusano Vencedor

El Gusano Vencedor es la suma de toda los poemas sobre la muerte, y acaso también de toda la literatura que con dolor y esperanza busca una revancha contra lo efímero de la existencia. Esperamos que el lector impaciente sepa disculpar las siguientes incoherencias, pero no podemos dejar pasar la oportunidad de hablar sobre uno de nuestros escritores más venerados. Edgar Allan Poe utiliza la metáfora del teatro como escenario de su poema, en dónde una serie de patéticos mimos realizan sus maniobras, manejados por "vastas masas informes", sin ser conscientes de que son parte de la obra. De más está decir que se trata de una figura sobre el humanidad. Ahora bien, Poe no sitúa a Dios como espectador directo de esta representación, sino a una serie de ángeles que se debaten entre la piedad y una morbosa curiosidad. Ya al final del poema, se nos anuncia la solemne entrada de una forma reptante, demasiado horrible como para describirla. Es entonces cuando los serafines, con la angustia propia de los ángeles soñados por Poe, observan como los mimos caen uno a uno bajo la lujuriosa voracidad del Gusano. El poema es claramente una metáfora sobre la muerte, pero también es algo más: Quizás una visión sobre las oscuras y caprichosas formas que reptan sin sentido detrás de la razón, detrás de aquel concepto que llamamos Dios. El Gusano Vencedor fue publicado individualmente en 1843, pero luego fue insertado en uno de los grandes relatos de Edgar Allan Poe: Ligeia, la cual pasaría a ser la autora del poema dentro de la narrativa. El Gusano Vencedor. The Conqueror Worm, Edgar Allan Poe. Ved! En una noche de gala, En los tardíos años desolados. Una hueste de ángeles alados, Envueltos en velos y ahogados en lágrimas, Sentados en el teatro, para ver Un drama de temores y esperanzas, Mientras la orquesta balbucea La música de las esferas. Unos mimos, hechos a imagen del Dios Alto, Murmuran y susurran en voz baja, Revoloteando de un lado a otro: Simples títeres que vienen y van Al capricho de unas vastas masas informes Que recorren el escenario proyectando Con sus alas de cóndor el invisible Dolor. El drama apretado (que no caerá En el olvido, estad seguros) Con su fantasma perseguido sin cesar Por una turba que no lo puede apresar, A través de un círculo que siempre gira Sobre el mismo espacio, Y tanta locura, y aun más Pecado Y el Horror como alma de la intriga. Pero, ved! en medio del gesticulante tumulto, Una forma reptante se introduce: Una cosa sanguinolenta que se debate En la soledad del escenario. ¡Se retuerce! ¡Se retuerce! Con mortal angustia Los mimos se convierten en su cena, Y los serafines lloran al ver los colmillos Embebidos en sangre humana. ¡Afuera, afuera las luces, afuera todo! Y sobre cada sombra palpitante Cae el telón, como una mortaja fúnebre, Con el rugido de la tormenta, Mientras los ángeles, pálidos y excitados, Se ponen de pie y quitando sus velos declaran Que la obra es la tragedia del Hombre Y su héroe el Gusano Vencedor. Edgar Allan Poe (1809-1849)